sábado, 9 de junio de 2012

Acerca de los orígenes de....

Actividad: Planchar

Al planchar utilizamos una herramienta caliente (conocida también como plancha ) para eliminar las arrugas de la tela.  Tan simple como esto ¿verdad?
Sucede que el calor que emite la plancha, digamos entre 180 y 220 grados centígrados logra que se aflojen las cadenas hechas de moléculas de polímeros que existen en las fibras de una tela.  Cuando las moléculas están calientes, las fibras se enderezan por el peso de la plancha y se mantienen rectas a la vez que se van enfriando.   Algunas telas, como el algodón requieren de un poco de agua para aflojar esa adherencia intermolecular.

La primera vez que se conoce el uso de un utensilio de metal para "planchar" es en China y la primera plancha eléctrica fue inventada en 1882 por un norteamericano de nombre Henry Seeley quien de inmediato patentó su invento.

Los dibujos de China antigua muestran el proceso en donde se llenaban recipientes con agua o pedacería de carbón hirviente y los deslizaban sobre las telas para así alisarlas.

En Europa se utilizaban piezas de vidrio, madera.  La gente ideaba distintas formas de poder alisar la tela, ya fuera con piedras muy lisas que se amoldaran a la mano pues además de planchar o alisar también había que marcar plisados y pliegues.  
Existen objetos decorativos de los siglos XVIII y XIX con forma de hongo invertido hechos de vidrio o de madera que aún se encuentran rodando por ahí en casas de anticuarios y subastas.  Ahora si los llegamos a ver, ya sabemos con qué fin se utilizaban.

Por supuesto en las casas nobles ya se comenzaban a desarrollar otros métodos pues había que repasar sábanas y mantelería por ejemplo.    Para esto, la tela húmeda se montaba en  bastidores de madera para irla "planchando" al mismo tiempo por varias personas a los 4 lados. Otro método era pasar la tela entre rodillos.  Muchos utilizaban prensas con tornillos como se hacía desde el tiempo de los romanos. 

En las casas más modestas aún cuando no se contaba con bastidores o los utensilios más sofisticados de la época, siempre había artículos grandes que necesitaban planchar lo que se lograba entonces con la combinación de un tablero y una especie de rodillo. 

De hecho en Escandinavia éste tablero longitudinal era el obsequio por excelencia que un hombre le podía regalar a su prometida.  El chico pasaba horas tallando aquella madera con hermosos diseños.  Hoy día estas piezas son escasas y muy cotizadas por los coleccionistas.

Cuando una mujer enviudaba, amistades y conocidos hacían una colecta para regalarle una de estas herramientas "alisadoras" dado que aquella mujer necesitaría comenzar a ganarse la vida planchando para otros.
De hecho, después de la Primera Guerra Mundial cuando los estratos sociales preestablecidos dieron un cambio radical y las grandes casas ya no contaban con todo aquel personal de servicio, las familias acomodadas se sentían agobiadas por no tener ya a sus planchadoras de cabecera, y para no padecer esta zozobra enviaban constantemente a un propio con la ropa a casa de aquellas mujeres que por años les plancharon su ropa de cama y vestimenta.

Los herreros comenzaron a forjar planchas simples a finales de la Edad Media.  En el Oriente Medio se utilizaban también planchas hechas de cerámica o terracota.  
Un sistema práctico y efectivo para planchar era utilizando dos planchas.   El oficio era muy tedioso y árduo pues además de lo difícil que resultaba el planchado sin electricidad, las planchas eran pesadas, tenían que estar inmaculadamente limpias, pulidas y había que lijarlas también para evitar cualquier aspereza que pudiera dañar las prendas.  La cera de abeja se utilizaba para que la plancha no se pegara a la hora de utilizar almidones. Como no había manera de medir la temperatura con exactitud, una planchadora tenía que ser una persona con mucha experiencia para poder decidir si aquel fierro estaba lo suficientemente caliente pero sin temor a quemar la ropa.   Se decía que había que escupir ligeramente sobre la plancha para probar la temperatura, pero había quien sabía acercarse aquel fierro ardiente muy pero muy cerca de la mejilla para comprobar la temperatura.  ¿Accidentes? Seguro muchos, al igual que despidos al por mayor.

.......(continuará).....

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