sábado, 28 de julio de 2007

Introducción a la máquina de coser



Una de las invenciones para facilitar el trabajo de la mujer en las labores domésticas y en las fábricas fue, ciertamente, la máquina de coser cuya función, al parecer insignificante, es unir una pieza de tela a otra; pero su influencia, de acuerdo con las necesidades del ser humano, ha sido tan marcada que debe considerarse como una de las invenciones más importantes de todas las épocas. Hubo por lo mismo que modificar radicalmente el arte de la costura y las primeras máquinas trataron sin éxito de imitar la costura a mano. Estas primeras máquinas utilizaban hilos sueltos que no hacían puntadas uniformes. Pronto se inventaron carretes de hilo continuo pues se dedujo que la máquina de coser debería permitir el flujo uniforme del hilo hacia la tela pasando por el ojo de la aguja. Cuando se cose a mano, el hilo va fijo a la aguja y es la aguja la que se mueve.

Las máquinas de coser continuaron perfeccionándose y fueron descubiertas por empresarios que decidieron apostar por este novedoso producto introduciéndolo al mercado al establecer centros de fabricación en la Costa Este de los Estados Unidos. La importancia de Nueva York como centro comercial, fue pronto reconocida por los fabricantes, y allí se establecieron los principales depósitos y centros de distribución para toda Nueva Inglaterra.

El más importante, no inventor, sino fabricante, fue Isaac M. Singer, cuyo nombre comienza a conocerse en 1850. Su primera máquina, patentada en 1857, tenía una aguja vertical, movida por un eje suspendido, movido por una rueda colocada en un costado de la mesa. Singer también introdujo el movimiento a pedal, para sustituir el trabajo a mano; y aunque parezca extraño, siendo hoy el movimiento a pedal (hoy eléctrico ) una característica adoptada por todas las marcas de máquinas de coser , el señor Singer no confió que este fuera el mecanismo por excelencia y nunca lo patentó.

Las primeras máquinas Singer se construyeron, principalmente, para emplearlas en los trabajos de las fábricas; pero cuando se vio, claramente, que podían ser también uno de tantos accesorios domésticos, se hicieron modificaciones para que, conservando sus características, tuvieran la ligereza y elegancia propias para adaptarse a los usos domésticos.
La fabricación y venta de estas máquinas, no se ha interrumpido desde que se presentaron en el mercado pero hoy día existen diversas marcas pues los derechos de patente expiraron hacia el año 1877. Las máquinas de coser modernas llevan en esencia tres combinaciones de mecanismos; uno para formar la puntada, combinado con el grado de tensión de los hilos; otro dispositivo para sujetar el material a la entrada y salida de la aguja en la parte en que se forma la puntada, y un mecanismo regulable y automático para hacer avanzar la tela, a impulsos iguales logrando un mismo tamaño en la puntada.

La máquina de coser se patentó en l846 aunque la idea original fue de un inglés que obtuvo una patente en 1755 aunque su aparato no llegó a aplicarse mucho. Como todas las invenciones para economizar la mano de obra, la máquina de coser se encontró con gran oposición. Los obreros se alarmaron a su introducción en los oficios en que se trabajaban pieles y cueros, luchando contra ella con todas sus fuerzas.


A partir de estos tres conceptos esenciales, los fabricantes de máquinas de coser han echado a volar la imaginación y creado las máquinas de coser más fabulosas del mercado.

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